Los chicos no entendían por qué no sabían cómo iban a resucitar del pasado. No sabían que Blake era el marido de Emma. Nadie sabía que sus últimas palabras habían sido crueles.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó.
Emma simplemente se rió sin humor. —¿Te gustaría hacerlo aquí?
-Sí.
Cuando Blake intentó agarrarla del brazo, Ethan intervino. —No toques a mi madre.
Blake quedó paralizado y se marchó inmediatamente.
—No hagamos esto delante de ellos —dije Emma.
“Disapareciste”, dijo Blake.
—No —respondió ella—. Me borraste.
Por un instante, el viejo Blake pareció extraño: el hombre al que amaba antes de que el orgullo y la desesperación lo destruyeran. De vez en cuando, volvía a aparecer su máscara.
—Quiero hablar.
—Quiero estar con mis hijos en casa.
Sus ojos brillaban. —Nuestros hijos.
El entorno cambió.
Oliver levantó la vista. —¿Nuestro?
Blake sabe que ya es demasiado tarde para que se dé cuenta de su error.
—Mamá —preguntó Oliver con cautela—, ¿es este nuestro padre?
Emma se acurrucó frente a él, deseando poder disfrutar de ese momento.
—Hay cosas de las que queremos hablar —digo con suavidad—. Pero no aquí.